El hombre, la mujer
Dos listas de lecturas muestran las fuentes en las que a la Madre Thérèse le gustaba inspirarse: la Escuela Francesa de Espiritualidad, los grandes místicos y los jesuitas. Allí encontró aliento para “una vida espiritual simplificada pero de elevada unión con Dios” (P. de Lassus, Thérèse Couderc (1805-1885), la femme, la sainte, 1985, p. 59).
Los dos fundadores leían claramente con lápiz en mano. El padre Terme copia casi palabra por palabra extractos de la Doctrina Espiritual en algunas de sus cartas a la Madre Teresa.
Y ésta está tan llena de su lectura favorita, la Fragmentos de cartas escogidas sobre el Santo Abandono de R.P. Claude-François Milley, que retomó un extracto de ellas en una carta del 23 de octubre de 1867 a la Madre Marie-Aimée: “Sólo Dios lo es todo; lo demás no es nada”.
La Madre Teresa parecía tener algunos libros propios. También aprovechaba los recursos de la biblioteca de la comunidad, sin duda por consejo de algún conferenciante o director espiritual. Una vez le dijo a Mère de Gaudin: “Para un año, un libro me basta” (Mère Félicie Rostaing, Proceso Ordinario de Lyon, 1920). Pero supo aprovecharlo al máximo acumulando “una superabundancia de recuerdos muy exactos” (Marie Desgrands, Proceso Ordinario de Lyon, 1920).
Lecturas complementarias: lista de libros y lecturas del P. Terme y de la Madre Teresa