Los fundadores trabajando
El Padre Terme descubrió los Ejercicios Espirituales de San Ignacio durante un retiro personal. Consideró que eran la mejor manera de acompañar espiritualmente a los peregrinos acogidos en la casa de Lalouvesc. Las monjas vivieron los Ejercicios y se familiarizaron con ellos para poder impartirlos.
En otoño de 1829, el Padre Terme eligió vivir su retiro en la residencia jesuita de Vals. Allí experimentó por primera vez los Ejercicios Espirituales de San Ignacio: un itinerario progresivo de oración y meditación basado en los Evangelios, que invita a dejarse tocar por Cristo y que conduce a la interiorización y a la conversión. El Padre Terme descubrió el medio que buscaba para acompañar el camino espiritual de las mujeres acogidas en la casa Lalouvesc.
En cuanto regresó de su retiro, el padre Terme invitó a las hermanas a vivir los Ejercicios y a compartirlos con las mujeres a su cargo. Sin comprender aún del todo el método, la Madre Teresa y sus hermanas se lanzaron a la aventura. Se inspiraron en los Ejercicios para sus propios fines y aprendieron a transmitirlos. Copiar las meditaciones de retiro dadas por los padres jesuitas, en forma de pequeños cuadernillos en carpetas de cartón, se convirtió en parte de su rutina diaria: el tono ignaciano de la congregación estaba fijado.