Tesoros
de los archivos

Nuestra Señora del Cenáculo

Transmisión del carisma: las Constituciones

El Plan Abreviado y las Constituciones

Deseoso de proporcionar un marco religioso a las maestras bajo su dirección, el padre Terme comprendió la necesidad de una Regla si querían convertirse en verdaderas monjas. Al principio, observaron las Reglas de la Congregación de la Presentación de María, traídas por la hermana Claire cuando dejó ese instituto para unirse al padre Terme.

Más tarde, deseoso de darles Constituciones más acordes con su apostolado, adaptó las de las Religiosas del Sagrado Corazón. Luego, su asociación con los jesuitas le llevó a dar a su texto un sabor más ignaciano. Este conjunto de reglas, conocido como las “Reglas del Padre Terme”, se compone en realidad de varios opúsculos de contenido variable.

La página Plan abreviado resume el espíritu de la Congregación, mientras que las Constituciones detallan la organización de la vida comunitaria y el funcionamiento de la misión apostólica.

Estas dos partes están impregnadas de una invitación constante a imitar al Corazón de Jesús (mencionado 83 veces), en consonancia con la espiritualidad de la época. Estos textos también exhortan a las Hermanas a permanecer en “unión de mentes y corazones” (16 veces). Esta disposición se hace eco delUnanimiter experimentado por los discípulos en el Cenáculo (Hch 1,14) y prefigura una imagen que se desarrollaría más tarde.

Las últimas líneas de las Constituciones resumen estas exhortaciones:

Las "Reglas" del Padre Término Fuente: MM, FE 4.
Término "Reglas" del padre Fuente: MM, FE 4.

"Que el lema de todos los miembros de esta pequeña Sociedad sea con estas palabras: a la mayor gloria de Dios y del Sagrado Corazón, o éstas: un solo corazón y una sola alma en el Corazón de Jesús. "

Las "Reglas" del Padre Término Fuente: MM, FE 4.
Término "Reglas" del padre Fuente: MM, FE 4.

Normas especiales

El primer folleto está dedicado a las Hermanas que ejercen funciones en la Administración General, mientras que otro es para las que participan en la formación inicial. Un tercero es para las Hermanas coadjutoras -también llamadas conversas- y otro contiene las “Reglas para las clases”.

Las demás reglas definen los deberes específicos de cada cargo ejercido en las casas, a saber: la Superiora Local, la Administración Temporal, la Asistente, la Admonitora, las Consejeras, la Sacristina, la Bibliotecaria, la Excitadora (encargada de despertar), la Hermana encargada de la visita vespertina (para acostarse), así como el Prefecto de Sanidad, la Enfermera, el Ecónomo, el Expendedor, la Cocinera, el Refector, la Lonera y el Portero.

Desarrollo progresivo probado por la experiencia

La redacción de las Constituciones y Reglas no es obra de un instante, sino fruto de un proceso lento y progresivo. Lejos de estar grabados en piedra desde el principio, estos textos se elaboraron en un proceso de ida y vuelta entre el Padre Terme y las Hermanas. Aquí se aplica un método empírico: se invita a las monjas a vivir y experimentar con las Reglas, y luego a compartir sus observaciones con el Padre Terme, que las modifica en consecuencia.

La Madre Teresa resumió este enfoque pragmático en una carta al Vicario General de Viviers en julio de 1836. Le recordaba que el fundador no consideraba intocables sus primeros escritos:

"Nuestro Padre Terme no consideraba que las Constituciones que nos dio fueran tan perfectas y estuvieran tan adaptadas a nuestras necesidades que resolviera no tocarlas nunca; ni su plan estaba tan fijado y asentado que no debiera sufrir modificación alguna, puesto que ya nos las había quitado para que las rehiciéramos. Nuestro Padre buscaba aprender de la experiencia, y sólo de ella y de la divina providencia esperaba la iluminación y el consejo que le guiarían en la meta que fijaría para su Congregación y en la elección de los medios para alcanzarla.

Sin embargo, esta apertura a la crítica constructiva tenía sus límites. El padre Terme tuvo cuidado de que el juicio de las Hermanas no se convirtiera en una impugnación sistemática, como demuestra una carta fechada el 1 de enero de 1833 en la que reprendía a una Hermana por haber sido demasiado crítica con las reglas sometidas a su aprobación.

De la letra al Espíritu: una lectura espiritual

Más allá de su aspecto normativo, estos escritos exigen una profunda apropiación espiritual. Para el padre Terme, la Regla no debe leerse como un mero código legal, sino meditarse “ante Jesucristo”. Ya en diciembre de 1831, insistía en esta dimensión:

"Estudiémoslo bien; contiene todos los principios y todos los medios de la más alta perfección, pero sólo Jesucristo nos da la comprensión de él; es con él, es ante él que debemos estudiarlo más que en el libro".

Carta a Sor Teresa, 26 de diciembre de 1831

Esta necesidad de interiorización se reafirmó en 1834: “Hay que meditar la Regla y, al meditarla, hay que practicarla” (carta a Sor X, [septiembre de 1834]).

Formalización aún en curso tras la muerte del fundador

El trabajo de redacción de las Reglas fue asumido por un padre jesuita. Las Hermanas consideraron que el texto del Padre Terme era difícil de seguir e inadecuado para las mujeres. A partir de entonces, un religioso, el Padre Rigaud, se encargó de la redacción final de las Constituciones. Desde Lalouvesc, la Madre Thérèse siguió esta etapa con fervor. En una carta a la hermana Agnès, fechada el 14 de enero de 1836, expresaba su alegría al saber que la obra avanzaba y su impaciencia por recibir lo que llamaba el “libro de la vida”. Lo consideraba la expresión de la voluntad de Dios, el instrumento indispensable para llegar a ser “esposas según el corazón de Jesús”, e invitaba a rezar al Espíritu Santo para que iluminara a quienes trabajaban en su realización.